Actum
Los Fragmentos de Un Discurso Amoroso de Roland Barthes
sirven para reagrupar los jirones de un amor imposibilitado en el discurso y
que lleva al personaje a una repetición (nunca es lo mismo) que no encuentra la
palabra para transmitirse.
La obra presenta a un personaje que condensa la biografía de
cualquier persona, entendida ésta como el historial de relaciones, pretensiones
amorosas, amores, separaciones y duelos. Actum es la palabra con la que este
personaje identifica su permanente intento por acercarse mínimamente al objeto
amado y que por la propia naturaleza del amor, siempre se sostiene de un solo
lado. El amor es el puente entre dos personas, pero solo puede transitarlo una
a la vez. El personaje hace uso de lo que del amor sabe, incluido el amor de la
infancia, el amor incondicional, el del hijo endeudado de vida, y sin embargo
le resulta inútil frente a la variedad de circunstancias que le plantea la
realidad, “esa triste realidad que no se entera que mi amor es una anomalía, es
la anomalía en sí”.
La necesidad de esta obra se sustenta en la consideración
siguiente: el discurso amoroso es hoy de una extrema soledad. Es un
discurso tal vez hablado por miles de personas (¿quién lo sabe?), pero al que
nadie sostiene; está completamente abandonado por los lenguajes circundantes: o
ignorado, o despreciado, o escarnecido por ellos, separado no solamente del
poder sino también de sus mecanismos (ciencias, conocimientos, artes). Cuando
un discurso es de tal modo arrastrado por su propia fuerza en la deriva de lo
inactual, deportado fuera de toda gregariedad, no le queda más que ser el
lugar, por exiguo que sea, de una afirmación. Esta afirmación es, en suma, el
tema de la obra.
Todo partió de este principio: no se debía reducir lo
amoroso a un simple sujeto sintomático, sino más bien hacer entender lo que hay
en su voz de inactual, es decir de intratable. De ahí la elección de un método
“dramático”, que renuncia a los ejemplos y descansa sobre la sola acción de un
lenguaje primero (y no de un metalenguaje). Se ha sustituido pues la
descripción del discurso amoroso por su simulación, y se le ha restituido a
este discurso su persona fundamental, que es el yo, de manera que poner en escena
una enunciación, no un análisis. Es un retrato, si se quiere, lo aquí
propuesto; pero este retrato no es psicológico, es estructural: da a leer un
lugar de palabra: el lugar de alguien que habla en sí mismo, amorosamente,
frente a otro (el objeto amado), que no habla. [¿El espectador?].
GENERALES
El 20 de mayo de 2011, Teatro Rabinal inició la serie de
ensayos que llevan a escena en este noviembre del mismo año una obra que basa
su texto en el libro Fragmentos de un Discurso Amorosode Roland
Barthes, crítico, ensayista y semiólogo francés. Fue uno de los principales
representantes de la nueva crítica o crítica estructuralista. Estudió en el
liceo Louis-le-Grand, se licenció en la Sorbona, ejerció la actividad docente
en el liceo de Biarritz, en el Liceo Voltaire y más tarde en el Collège de
France. Trabajó como periodista
literario en Combat, fundó la revista Théâtre Populaire y
dirigió la Escuela Práctica de Altos Estudios. Influido por la obra de L.
Bloomfield y F. de Saussure, a principios de los años setenta se propuso, junto
a J. Kristeva, Ph. Sollers, J. Derrida y J. Lacan, fundar una nueva ciencia, la
semiología, para estudiar la naturaleza, producción e interpretación de los
signos sociales a través del análisis de textos.
En 1977 se publica Fragmentos de un discurso amoroso,
ensayo-novela en el que, a través de fragmentos, alusiones y citas, Barthes
reflexiona sobre la "soledad extrema" de un discurso imposible (tan
imposible como la propia relación amorosa, en la que el amado, el otro, siempre
resulta escurridizo e inalcanzable) que, al ser pronunciado por todos, es
excluido, burlado y apartado por los discursos cercanos y desdeñado por las
ideologías.
