Construyendo la disidencia

por Jorge Angeles



A manera de Introducción

¿Qué es la puesta en escena? Antes que nada es una oportunidad de aprender algo más del teatro, de nosotros mismos y de la vida. Aprender sobre estas cosas en la forma de una intervención. Una puesta en escena tendrá que ver con algo del saber, del saber más o saber de otra manera acerca de las cosas. No es hacer teatro a la manera en la que uno presume saber hacerlo y lo hace y ya. Es la continuación de nuestro entrenamiento y nunca su cierre  ni su coronamiento.

Es cierto que en la puesta en escena se ponen a prueba y práctica los elementos del entrenamiento actoral, pero no de manera conclusiva. El montaje es un espacio distinto al entrenamiento, pero la técnica no queda congelada en él. No se puede improvisar como en el entrenamiento; la estructura dramática tiene rasgos más objetivos en función del juego de fuerzas y relaciones entre los personajes y su efecto de recepción con el espectador. Es un lugar donde la obra debe crecer en función del conjunto de actuantes y no en el de la subjetividad de uno de sus elementos.
Cuando esto sucede, se falta a la dramaturgia, se descompone en trabajo, falla la experimentación.
Entonces la puesta en escena es un momento, pero también es un lugar. Para algunos teatros, la puesta en escena es la tarea de llevar a cierta materialización la obra literaria, de un autor, interpretada  por la lectura del director. Los actores son interlocutores de estos discursos y su arte se limita a hacer clara esta interacción. La técnica actoral de estos teatros es la de la interpretación de los discursos. La técnica de la representación.
No es nuestra intención menospreciar ninguna forma de producción escénica. Pero hemos optado por una de ellas en donde la representación es semejante a la reproducción, a copiar en pintura (o falsificar más propiamente), donde el teatro, para nosotros,  puede y debe ser otra cosa.
Cuando se me cuestionaba sobre qué era la verdad escénica, mis referencias me llevaron a pensar en el Santo Grial, una causa. Lo único que puede decirse sobre ella es que sólo es posible en el escenario y que su estructura es dramática (como corporal), que no está en la literatura, no está en las enunciaciones propiamente dicho.
La dimensión de nuestro trabajo va más allá de lo que se asume como el tiempo de duración del espectáculo. Somos productores de una ética y una estética, ahí en el lugar y en el momento de la acción. Los efectos de estas acciones no son efímeros, perduran como el trascender de la lectura de un libro. La materialidad del libro, la fotografía o la pintura no tienen ventaja sobre la materialidad del acto escénico. Si bien el libro puede durar para siempre, el momento de lectura es también limitado en el tiempo. Debemos oponernos a quienes sostienen que el acto teatral es efímero. Ahí radica la seriedad del proceso creador del montaje. No es para un momento, ni para una serie encadenada de momentos. Es para siempre, es hacer memoria del cuerpo en la recepción del otro. Una lectura de la vida.